Cualquier obra de arquitectura perteneciente a cualquier época o cultura destaca por dos aspectos fundamentales. En primer lugar, ser algo funcional, como una vivienda, destinada a ser habitada por seres humanos, y poder desarrollar actividades del día a día. Y por otra parte, reflejar un sentimiento, idea, historia, o cultura, en resumen, ser una obra de arte con cierta estética. Pero ahora bien, ¿Cuál de estas dos debería predominar sobre la otra? ¿Cuál es más importante?
Objetivo de la obra
La predominancia de la funcionalidad sobre la estética o viceversa, sobre todo dependerá del contexto y objetivo de la obra de arquitectura. Por ejemplo, si esta obra se trata de una plaza, hay mucho más margen para desarrollar la creatividad y personalizar el aspecto que si estuviéramos trabajando con un edificio de oficinas, dónde los espacios son sistemáticos y repetitivos.
A lo que quiero llegar con esto, es que hay obras que permiten por su propia naturaleza mucha más libertad para plasmar en ellas una estética, y hay otras que deben ser ante todo funcionales, sin permitir al arquitecto poder desarrollarse, al menos con tanta facilidad, como lo podría llegar a hacer con la otra categoría que hemos comentado. Veamos a continuación dos imágenes más ilustrativas que muestran la diferencia entre lo que estamos describiendo.


Personalidad del arquitecto
La personalidad del arquitecto es otro factor que indudablemente va a influir en si predomina la funcionalidad o la estética en una obra de arquitectura, y más allá de su personalidad, su formación. Aquel arquitecto que se ha centrado y enfocado más en el estudio de normativas, desarrollo del papel de los espacios, etcétera, y que por su forma de ser, es más organizado, y de pensamiento lineal, tenderá a desarrollar menos la creatividad en un proyecto, pero la forma en la que este edificio resolverá el papel que se espera de el, será prácticamente ideal. Por otro lado, aquel arquitecto que esté más acostumbrado a dejar volar la imaginación, que se haya desarrollado más en la creatividad y la expresión de ideas, será capaz de idear y dará forma a obras arquitectónicas mucho más cautivadoras y capaces de transmitir más emociones, es decir, que la estética predominará en sus obras.
La respuesta es el equilibrio
Sea cual sea el objetivo de la obra, así como la personalidad del arquitecto, además de muchos otros factores influyentes en el desarrollo de una obra de arquitectura, personalmente opino y creo que ni la funcionalidad ni la estética deberían predominar sobre la otra a la hora de desarrollar un proyecto, sino que, cuando se plantee un edificio, basándose en su funcionalidad necesaria para brindar una experiencia arquitectónica agradable a los usuarios, se desarrolle cierta creatividad que permita dotar de humanidad a dicha obra, pues al fin y al cabo, la arquitectura es un arte más, que debería buscar transmitir algo, y no simplemente quedarse en lo superficial. Sin embargo, una cosa no quita la otra, y para que un edificio sea útil debe ser funcional, por ello concluyo que una buena obra de arquitectura, es aquella que encuentra el equilibrio entre funcionalidad y estética.